’95-’98: la segunda revolución industrial de las automotrices argentinas

’95-’98: la segunda revolución industrial de las automotrices argentinas

A finales de los noventa, gracias a la concreción del Mercosur, Argentina triplicó la cantidad de empresas que producían en nuestro país.

Aunque la industria automotriz argentina existe desde comienzos del siglo pasado, lo cierto es que hasta los años 50 la producción se basaba en armar piezas que llegaban importadas.

La primera revolución se dio a fines de los cincuenta, gracias al impulso desarrollista del gobierno de Frondizi. Así, a IKA e IME, que ya producían los Jeep y Rastrojero (ver historia), se sumaron una infinidad de nuevas empresas.

Entre fines de 1959 y todo 1960, Ford y GM se pusieron a producir productos locales y se establecieron Citroën, Peugeot (a través de IAFA), Chrysler (Fevré), Fiat (Concord), Isard, Metalmecánica, Siam, Studebacker, IAFSA (productor a Auto Union), Borgaward y varias más.

Pero en los noventa, con la concreción del Mercosur, la industria automotriz argentina, que básicamente producía para el mercado interno, comenzó a desarrollar un perfil exportador que atrajo tanto a nuevas empresas como al retorno de las casas matrices, que por las distintas crisis habían abandonado el país.

El primer cambio se dio a comienzos de 1995 y significó el divorcio entre Ford y Volkswagen, que nunca lograron sentirse cómodas en Autolatina, la fusion regional que crearon en 1987.

La ruptura significó “partir en dos” la planta de Pacheco que producía modelos de ambas marcas. VW dio de baja a los Gacel y Pointer y estrenó la producción del nuevo Gol y el Polo, en tanto Ford hizo lo propio con el nuevo Escort y la Ranger, que reemplazó a la F-100.

En 1996 fue Mercedes la que instaló la producción de la Sprinter en la planta de Virrey del Pino que históricamente había producido camiones (y que en los setenta armó la pick up 220D).

Ese mismo año, Sevel comenzó a desarmarse y en julio Fiat regresó oficialmente a la Argentina con nueva planta incluida (la de Ferreyra, en Córdoba). Allí produjo los Palio y Siena, mientras en Berazategui hacía lo propio con los Uno y Duna.

En marzo de 1997 se produjo el desembarco de la que hoy es la mayor productora de automóviles del país: Toyota. Levantó una planta en Zárate y comenzó a producir la Hilux.

Solo un mes después, Jeep abrió su armaduría en Córdoba, donde produjo por breve tiempo (hasta 2001) las Cherokee y Grand Cherokee.

En julio de ese año, Renault retomó oficialmente el control de su marca, que estaba desde 1992 en manos de Ciadea, la sociedad de la que estaba al frente Manuel Antelo. Al poco tiempo debutó el Mégane, acompañando la producción de los 19, Clio y Trafic.

Si bien ya en 1994 había regresado oficialmente (Santa Isabel fabricaba las C/D-20 y la marca vendía varios modelos importados), General Motors inauguró en diciembre de 1997 la planta de Alvear, donde comenzó a producir el Corsa que importaba desde su retorno.

Y por último, en mayo de 1998 se terminó de concretar el traspaso de lo que quedaba de Sevel a PSA, que mantuvo la producción de los Peugeot 306, 405 y 504 en Palomar, pero le agregó al poco tiempo la de los Partner y Berlingo, lo que significó el regreso industrial de Citroën tras 20 años de ausencia.

De esta manera, la industria de automóviles y utilitarios livianos, que en 1993 estaba controlada por tres empresas (Autolatina, Ciadea y Sevel) pasó a tener nueve jugadores con la llegada del nuevo milenio.

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  • Santiago
    8 julio, 2020, 9:32 am

    Muchachos, el licenciatario de Chrysler se llamaba Julio Fevre, no favré.

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