Primer contacto: Chevrolet Sonic

Primer contacto: Chevrolet Sonic

Manejamos el nuevo modelo de Chevrolet que llega de Brasil y se mete entre Onix y Tracker para enfrentar a Pulse, Kardian y Tera.

Por Martín Simacourbe
Fotos: Prensa GM

Cuando en 1997, Fiat creó la Palio Adventure (sobre una rural, entonces lo más parecido a un SUV), inauguró un segmento que hasta hoy sigue siendo muy demandado: el de los compactos aventureros. 

Si hablamos de hatchbacks, el nicho lo creó el Crossfox a comienzos de este siglo. La historia es sabida: a ese modelo le siguieron infinidad de marcas con sus propias creaciones y apellidos compuestos (Activ, Trekking, Freestyle, Stepway, Outsider, Cross, etc.).

Pero hace unos años, la misma VW le dio una nueva vuelta de tuerca a sus creaciones: tomó un Polo, le cambió fuertemente la trompa y la cola y le puso un nombre nuevo: Nivus (nada de Crosspolo o algo parecido).

Esa solución se contagió rápido: Pulse, Kardian, el propio Tera (si bien solo comparte parabrisas y parlante A con el Polo) y ahora este nuevo Sonic, que utiliza la base del Onix, un modelo que llegó a ser el más vendido del continente antes que la pandemia y la falta de chips lo condenaran a retroceder en el ranking. 

El Sonic recurre a esta última receta: nuevo capot más elevado, otras ópticas (aquí en doble nivel) y otra cola, que en este caso estira unos cuantos centímetros el voladizo posterior y utiliza una luneta más tendida, suficiente como para que GM bautizara al Sonic como un SUV coupé, termino demasiado pretensioso para un hatch con plásticos, rack de techo y algo más de despeje. 

Los cambios estéticos son buenos y le vienen súper bien a un modelo con seis años de vida. Además, pese a todo esto que te conté, el cliente tradicional lo asociará poco y nada al Onix, justamente lo que buscan GM y el resto de las marcas que se metieron en este segmento. 

Adentro la renovación no fue tan feliz. Se mantuvo todo el interior del último Onix (rediseñado el año pasado), con un tablero digital muy mejorable, una buena pantalla y comandos que sienten el paso del tiempo (nada de freno de mano eléctrico o una selectora secuencial).

Lo más criticable es que los decorados elegidos para mejorar la imagen en realidad lo afearon: hablo de un símil cuero de dudoso gusto y calidad que revistió levemente la plancha, los apoyabrazos y también llegó a los tapizados. 

No hubo cambios en la habitabilidad con respecto al Onix: muy buena postura de manejo y un espacio trasero reducido como en cualquier hatch compacto. Donde si hubo novedades es en el baúl, que llega casi hasta los 400 litros, producto de ese estiramiento en la zona posterior. 

Otra buena es la mejora del equipamiento con respecto al Onix: sumó frenado autónomo y mantenimiento de carril para completar un combo interesante para este segmento.

Dinámicamente, hay pocas diferencias con el Onix, aunque el retoque de la suspensión la deja algo más progresiva pese al mayor despeje. 

El motor sigue siendo el 1.0 turbo de tres cilindros con 116 CV y 160 Nm, acompañado de una caja automática de seis marchas. No debería haber cambios en la aceleración (menor a los 10 segundos) y consumos reducidos (en torno a los 8 l/100 km promedio), aunque podrían ser apenas mayores por el despeje y la mayor área frontal. 

Lo mejor está en el precio, algo que ya analizamos en esta nota (ver más). Son, al menos de lista, valores por debajo de los de sus principales rivales en versiones media y full (el Sonic no tiene una opción básica). La Premier cuesta 38.390.900 pesos y la RS 39.690.900.

Seguramente el nuevo Sonic sea una opción exitosa en nuestro mercado, pero habrá que ver si le roba más a la competencia que a la propia marca (con Onix por debajo y Tracker por encima, pero ambos muy cerca) para ver si la apuesta de GM fue acertada.

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